Cómplices de despido

En tiempos de crisis no conozco un área más temida por los trabajadores que la de Recursos Humanos. Afrontemos esto, compañeros, tenemos mala imagen, independientemente del tipo de contribución que estemos haciendo en la función. Muchos de vosotros diréis: “discúlpame, es que yo me dedico a comunicación interna”, “perdona, yo no he tenido que despedir en mi vida, me dedico a formación y desarrollo, nada más lejos de despedir”.   Pero en el fondo, todos terminamos implicados en esta actividad tan desagradable. Quien se dedica a comunicación interna, se encuentra con la petición encima de su mesa de difundir mensajes que lleven a la tranquilidad, el formador interno con la solicitud de capacitar a los jefes en esta difícil actividad. Somos, queramos voluntariamente o no, los malos de la película y se nos acusa de ser cómplices de despido.

Y es que a quiénes nos acusan de cómplices de despido, no les falta razón, la función de Recursos Humanos acaba su ciclo vital en este paso, abriendo la puerta. Sería algo así como decir que las personas entran en la organización, hacen su cometido, se desarrollan (con suerte), maduran y finalmente salen (voluntariamente o no).

Lo curioso de todo esto es que en mis 11 años de experiencia profesional, aún no me he topado con ningún profesional de RR.HH. que esté trabajando en esta área porque su vocación fuera despedir. Sí me he encontrado a algún jefe envalentonado o un poco psicopático que le mola decir “que no tiene ningún problema en hacerlo”, incluso afirmaciones del tipo “hasta que no despides a alguien, no eres un verdadero jefe”.  Estilos de liderazgo tóxicos hay en todos sitios, sin duda. Menos mal que estudios como los de Otto Walter (2004) nos llevan a confiar en el humanismo de los jefes y a conocer que la mayoría, concretamente un 86% de los jefes, señala como las actividades más duras de cumplir son para ellos decidir y comunicar a un colaborador/a que no sigue en el equipo.  Y es que suele ser un trago amargo para todas las partes, para la persona despedida en primer lugar (puesto que le afecta a su planteamiento de vida), para el jefe y para el profesional de RR.HH. que debe mediar y apoyar a las dos partes.

Pero ¿Cómo afecta al profesional de RR.HH.? Yo personalmente, y encontrándome en la situación “cómoda” de no haber tenido que despedir directamente a nadie, lo califico de frustración. Frustración porque cuando decidí acercarme a los Recursos Humanos lo hacía con la pretensión de contribuir al desarrollo profesional de las personas de la organización. En mis años de carrera, me visualizaba a mí misma, impulsando carreras profesionales, orientando,  desarrollando capacidades en otros, concediendo a los demás tiempo y herramientas para el entrenamiento. Me gustaba la idea de ver crecer profesionalmente a los participantes de las acciones formativas y los planes de carrera que organizaría en un futuro. En la gran mayoría de ocasiones he podido cumplir con mi propósito pero las circunstancias por las que han pasado o están pasando algunas empresas cliente me han llevado a tener que participar en análisis de redimensionamiento, en el que no importa la contribución de las personas en el pasado ni su posible potencial, sino la necesidad de aligerar el peso del barco para salvar la nave. También he tenido que asesorar y formar a jefes en el duro trance de tener que despedir a alguien de su equipo. En todos estos momentos, el nudo en la garganta ha estado ahí, acompañada de una  vocecilla claudicadora que me decía: “yo no estoy aquí para esto”. Y he tenido que ponerle grandes dosis de madurez para limpiarme la ingenuidad y poder darme cuenta que peor es NO ESTAR.

Aunque no nos guste, tenemos que estar en este duro trago. ¿Por qué? Porque tu misión, tu vocación, trasciende en cierto modo el período en el que la persona está en la empresa. Porque tú, como profesional de RR.HH., eres experto/a en tratar a las personas con respeto, en orientarlas para que miren su carrera profesional hacia delante e identifiquen nuevas oportunidades. Tu rol es facilitar que esta fase no signifique el FIN de su carrera profesional (que desgraciadamente para algunas personas significa más que eso), sino que otro ciclo de vida profesional empiece cuanto antes. Es lo menos que podemos hacer por alguien que ha formado parte y contribuido a nuestra empresa. Es lo menos que podemos hacer por el jefe que tiene que comunicar la mala noticia, ayudarle a hacerlo de la manera más constructiva. Es lo menos que podemos hacer como profesionales de RR.HH.

¿Ya has encontrado, dentro de tu papel, qué puedes hacer tú?

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One thought on “Cómplices de despido

  1. Hola me gusta como expresas este duro trance para el que desde la gestión de personas nadie estamos preparados y que ahora toca hacer. En mi opinión pienso que en nuestras organizaciones y partiendo de la sociedad liquida en que nos movemos debiéramos formar o preparar a las personas en orientación laboral y las salidas,oportunidades o situaciones que nos podemos encontrar fuera de nuestra organización tras una permanencia larga en la misma y vernos de repente fuera y con una edad cuarentona. Y sobre todo lo que debe cambiar es la educación desde pequeños para que esta frustracion de un despido se canalice con positividad y saber que todo es superable.
    Saludos Jesús Mari

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